Acabo de ver en televisión una entrevista a una mujer de 87 años que me ha llamado la atención, no por lo que contaba sino por la lucidez con lo que lo contaba. Lucidez de joven y madurez de anciana, letal combinación. Cuando el presentador ha preguntado si le preocupaba cumplir años (por un malentendido que ha habido con su edad) la mujer ha dicho que no, que ni le preocupaba ni le alegraba para, a continuación, dejar escapar una magnifica frase respecto a la edad: “lo que no puc parar, ho deixo passar” (“lo que no puedo parar, lo dejo pasar”).
¿Podemos detener la muerte? Podemos esquivarla, quizás burlarla durante un tiempo, pero nunca evitarla. Es nuestro destino final, así pues... si no la puedes parar, dejala pasar.